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TRATAMIENTO DE LAS ADICCIONES “Tengo que salir por mí mismo”. “Yo puedo con esto”. “Lo dejo cuando quiera”. Son frases que escuchamos con frecuencia. Pero el tiempo pasa y siguen consumiendo drogas. Porque se necesita un programa de desintoxicación seguro, planificado y con criterio. En ciertos casos la fase de desintoxicación puede realizarse de manera ambulatoria. Sin embargo, en muchas ocasiones, es necesario el ingreso hospitalario. ¿QUÉ ES LA ADICCIÓN A SUSTANCIAS? Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adicción es una enfermedad cerebral igual que otros trastornos neurológicos o psiquiátricos reconocidos, como son la enfermedad de Alzheimer o la esquizofrenia. Además, la equipara a otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión arterial. Entonces, ¿no es un vicio?, ¿no es una depravación?, ¿no es un problema de índole moral? Pues no.

Concretamente la adicción es una enfermedad en la que se pierde la capacidad para controlar el impulso de consumir alcohol u otras drogas. Las personas que son adictas son incapaces de poner freno, de dejar de consumir estas sustancias, ni siquiera cuando ya se enfrentan a un grave problema de salud, o a las repercusiones perjudiciales a nivel psicológico, familiar, social o laboral que la dependencia conlleva. Cuanto más tiempo transcurre más difícil es de tratar. Por eso, cuanto antes intentemos poner remedio mejores resultados obtendremos. Muchas personas con esta enfermedad niegan ser adictos, y con frecuencia minimizan su problema alegando que pueden dejarlo cuando quieran o que sus amigos tambien consumen.

Para que alguien se convierta en adicto se necesita tiempo. La droga afecta directamente al cerebro y lo va dañando haciendo que respondamos de esa manera al efecto de la misma. Una de las grandes dificultades a la hora de plantear un proceso de desintoxicación es el perverso mecanismo de adicción, no sólo psicológico sino también físico, que generan estas sustancias.

Llamamos “craving” al deseo intenso, al ansia, de consumir drogas. Estos poderosos deseos forman parte de la condición humana, porque nuestros cerebros están diseñados para apreciar y perseguir las recompensas naturales, como puedan ser la comida o el sexo. Las drogas consumidas por las personas adictas activan los mismos circuitos neuronales que motivan las conductas placenteras. Los “cravings” por alcohol u otras drogas pueden ser incluso más fuertes que aquellos dirigidos al alimento o al sexo. Y así, en el día a día con frecuencia observamos por ejemplo un descuido en la alimentación secundario al abuso de alcohol.

Llega un momento en que se necesita más dosis de la droga para conseguir el mismo efecto (tolerancia) y cuando se deja de consumir y le falta al cuerpo, éste responde con un síndrome de abstinencia. Muchas veces la persona bebe o toma la droga ya de mañana para evitar la aparición de los síntomas de abstinencia, fundamentalmente malestar general y temblores. Cuando aparece el síndrome de abstinencia debe tratarse de forma conveniente, porque aparte de que la persona lo pasa muy mal, en ocasiones, pueden aparecer síntomas de gravedad suficiente como para requerir por sí mismo atención médica.

Lo síntomas físicos del síndrome de abstinencia pueden variar de acuerdo con la sustancia consumida y la gravedad del mismo. Puede complicarse con convulsiones y con la presencia de delirium tremens. Éste es un trastorno tóxico-metabólico que pudiera considerarse el grado máximo de síndrome de abstinencia y es una urgencia vital, ya que pone en peligro la vida. Comienza, por lo general, con ansiedad, insomnio, temblores y pupilas dilatadas. Puede no tolerarse la alimentación, apareciendo náuseas, vómitos o diarrea. Posteriormente aparece una obnubilación de la conciencia, con un estado confusional y desorientación, alucinaciones, ideas delirantes, agitación psicomotriz, inversión del ciclo sueño-vigilia, sudoración profusa y temblores generalizados. Esta situación de urgencia debe ser tratada por profesionales médicos competentes en la materia y dada su gravedad, hospitalizados.

Existe unanimidad científica en que el consumo de drogas daña conexiones neuronales y el funcionamiento del cerebro. De hecho, el consumo de alcohol puede conducir a trastornos neurológicos severos tales como la encefalopatía de Wernicke y el síndrome de Korsakoff. La primera, por fortuna, tiene tratamiento farmacológico en fases iniciales, el segundo, ya no.
ETAPAS DEL TRATAMIENTO De forma general podemos diferenciar tres etapas en el tratamiento de la adicción:

1. La desintoxicación
En este primer paso muchas personas adictas deben ingresar en el centro. Se trata de eliminar el alcohol u otras drogas fuera del organismo y conseguir la estabilidad física, sin que el organismo eche ya en falta la sustancia. Siempre se debe llevar a cabo bajo la atenta mirada del médico y del psiquiatra, puesto que puede aparecer un malestar intenso y llegar a ser peligroso. De esta manera, la desintoxicación se efectuará de forma segura y se manejarán los posibles síntomas de la abstinencia física. Los médicos indicarán fármacos para evitar los efectos de la abstinencia y hacer este proceso más seguro y más fácil. En ocasiones, se precisará sueroterapia dada la intolerancia a la alimentación y la gravedad del cuadro. El tratamiento especializado intenta evitar la aparición de complicaciones. Para ello, se utilizan medicamentos de eficacia probada, intentando que en este trance se tenga el menor disconfort posible.
La evolución que se produce en estos días de ingreso hospitalario es muy significativa y, en un elevado porcentaje de pacientes, el cambio es radical. Las primeras 48 horas de la fase hospitalaria son cruciales. Debemos, por todos los medios, evitar la aparición del tan temido síndrome de abstinencia y si aparece, que sea lo más llevadero posible. El paciente se va encontrando más tranquilo, empieza a ver las cosas de otra manera, mejora el sueño y el apetito y, en general, se encuentran mucho mejor. Se realizan analíticas (parámetros bioquímicos, neurobiológicos y nutricionales) y electrocardiograma para monitorizar el estado físico.
En la actualidad existe una tendencia generalizada a reducir los tiempos de ingreso. La farmacología lo posibilita. En nuestro caso, el tiempo de hospitalización oscila entre 48 horas y 7 días. Anteriormente, la reclusión era la norma y se ingresaba durante períodos mucho más prolongados.
Sin embargo, no debemos olvidar que la desintoxicación es la fase inicial del proceso, el comienzo del camino, de la nueva vida. Inmediatamente hay que empezar la deshabituación para asegurar la abstinencia definitiva.

2. Deshabituación
La deshabituación se lleva a cabo en pacientes que ya están desintoxicados, es decir, que no sufren los efectos de la abstinencia a la droga. Esta etapa debe hacerse sin internamiento. Es un proceso en el que la persona intenta no volver al consumo de la sustancia, fundamentalmente con tratamiento psicoterapéutico, teniendo como objetivo el llegar a vivir sin consumir, mejorar su funcionamiento psicosocial y tener unos hábitos saludables. Para ello, los profesionales deben fomentar ciertas habilidades personales y sociales con objeto de conseguir dicho logros.

3. Reintegración
En esta etapa se consolida el cambio y se llevan a cabo los planes y proyecto de vida futuros. Los profesionales deben recordar el compromiso con la nueva vida, ese re-vivir, y apoyar en todo momento sus necesidades.


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